comentarios sobre "ALBAN BERG AND HIS WORLD" de Christopher Hailey
Es interesante notar que hasta las primeras décadas del s. XX las orquestas habían venido engrosándose de manera escandalosa, llegando a tener hasta 60 ejecutantes de cuerdas o más...lo cual llevaba a reforzar consecuentemente las maderas, los metales...Cuando con éstos monstruos se interpretaba la música de Mozart, se imaginan lo que salía!! jaja
"Aparte de sus estudios con Schönberg,...gracias a encargos de Universal Edition, pudo familiarizarse con cada detalle de tres excepcionalmente complejos y expansivos trabajos orquestales: Der ferne Klang, de Schreker, para el cual preparó la partitura vocal en 1911, Gurrelieder de Schönberg, para la cual no sólo preparó el score vocal sino además un detallado análisis temático (guía), así como el poema tonal Pelleas und Melisande de Schönberg op.5 para el cual preparó un "breve análisis temático"...
Lo interesante de Berg es que no teme seguir la tradición cuando conviene, rompiendo con ella cuando le parece, éso también en materias de orquestación, como se ve a continuación.
"La orquestación y dramaturgia de los Altenberg Lieder divergen de las ideas guía de Schönberg en varios puntos esenciales. Hasta el fin de sus días, Berg se mantuvo fiel a sus preceptos:
. Ya sea en un contexto atonal o de tonalidad libre, Berg divide el contenido de alturas entre grupos orquestales e instrumentos individuales creando islas de armonía tonal o quasi tonal, basadas en quintas, tríadas, acordes de sexta y tríadas de acordes de séptima. Schönberg, en contraste, se deleita con la abrasividad de las cuartas, séptimas y novenas, y se toma el trabajo de salirse del camino para cancelar toda referencia diatónica de su música.
. En su música atonal, Schönberg evita las octavas; de acuerdo a las leyes de composición con doce tonos, las octavas están prohibidas, por lo tanto excluye el intervalo del que deriva todo el resto, el primer parcial de la secuencia armónica, el interval más cercano a la naturaleza. Con líneas de bajo de una sola octava, que unen los cellos y contrabajos en un desafortunado y potencialmente desastroso unísono, sus partituras orquestales más tardías se privan de éste elemento fundamental de la acústica musical. Webern siguió a Schönberg a rajatabla, al menos en su período medio y tardío. Berg nunca lo hizo, ni aún empleando la técnica dodecafónica.
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